Un bolígrafo sin tinta fue lo que utilicé cuando te escribí una carta que, obviamente, nunca envié...
Es increíble lo azul de tus ojos cafés, es inconmesurable la profundidad de tu mirada. En tu sonrisa se dibuja la silueta del ávila, y en el brillo de tus ojos se opaca la luz del sol y el primer habitante de la luna. Tus miradas rasguñan mi pecho cual sable de samurai y penetran en mí como un Do en sostenido. A poco de tu llegada, y a menos de tu partida, tus tobillos me han hipnotizado como a un niño y me han llevado directo al infinito, han jugado con mi pulso y me han derribado las defensas como si de muros de papel se tratase. Ni la felicidad es tan efímera como tu imagen que se desvanece cuando apenas llegas y pones tu sangría en mi párrafo y sin comas redactas mi pensar. Sin silencios compones una rapsodia que describe sin cesar una amalgama de colores de arcoíris que se ligan al deseo de sentir el sabor de tus pupilas cubiertas por los párpados junto a mis labios ansiosos del jugo de tus pestañas. Y con suavidad realista me imagino tu imaginación repleta de tenues soplidos de aire que te abrasan en mi cerebro y te encarcelan en la sede de mis circuitos y mis poemas. Me gusta lo bellísima de la luna de anoche, me gusta el contraste de tu piel de nube y tu cabello de sombra, me gustan tus ojos amigables y tus pestañas de pluma que me cierran con peso de plomo y me obligan a soñar en el descanso en tus labios sonrientes por segundo. Tus brazos en vaivenes al compás de tus piernas atraen mis pupilas como polos opuestos en magnetismo. Con cada mirar tuyo, la cabeza me enloquece. Salen al sol las canciones jamás cantadas en los lugares a los que nunca fuimos, se derriten mis manos y se congelan mis pies. El corazón bota chispas y mis labios te soplan el rostro para quitarte el calor. En el brote de sinceridad te redacto lo mucho que sueñan mis manos con tus mejillas y con el sabor de tu respiración. Te canto con el alba en descanso mientras reposas, te canto en el sudor de las canciones, en el mojado de la lluvia. Te canto mientras callas, te canto mientras cantas. Me queda el beneficio de la duda, y el recuerdo del dueto que nunca se cantó.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario