Abriste los ojos y el Sol guardó su pincel, porque tú pintas el paisaje mejor que él. Cuando amanece tu lindura, cualquier constelación se pone insegura. Tu belleza huele a mañana y me da de comer durante toda la semana.
Aplaudo a quien escribe para sí, a quien ahoga sus penas en un mar de letras grises y a quien grita su euforia con letras mayúsculas. A quien se enamora de las comas de cada texto y al que pacientemente espera sus puntos para seguir en la travesía de las vocales y consonantes, en las agudas sombras de las palmeras y en el grave oleaje. A quien transforma los colores y los dibujos en gramática y grafito, creando imágenes de mil palabras. A ese lo aplaudo. A quien inmortaliza los pincelazos color infinito, a quien vuelve indeleble la convergencia del papel con la mano, que conciben las ideas nucleares y germinan en los absurdos personales, que bailan al ritmo del latin jazz. Aplaudo al enamorado, que busca enamorar con las letras perfumadas y escasas de cordura, absortas en los ojos desequilibrantes que sostienen las ideas más profundas de lo eterno. Aplaudo a quien me lee, a quien se fía de mi razonamiento y entiende mis teorías sobre los azules y marrones, sobre el café y el ron.
En mis letras encontrarás la respuesta que nunca habías buscado pero que siempre te indagaron el organismo, encontrarás resueltos los misterios del universo que a diario derrotan al científico prestigioso. En tus letras encontrarás lo mismo, encontrarás las comillas ajenas y las citas contigo mismo. Redáctame en tu obra literaria de carácter descriptivo, ármame y desármame al compás de tus dedos entintados y agitados en ritual a la literatura. Sé literatura, hazme literatura. Que me estudien los amantes de tus letras y tus pesares, tal como te estudiarán mis generaciones de relevo. Acentúame en donde no correspondamos, con la misma rebeldía de quien penetra un margen, de quien se salta un punto. Escríbeme cuando los fantasmas no te dejen dormir, cuando el insomnio sea tu mejor amigo y cuando sólo las letras te den techo para pasar la lluvia ácida de la claustrofobia de tus ilusiones. Escríbeme, escríbete. Redacta una vida en el papel de tu libreta, redacta el vibrato de tus cuerdas vocales. Convierte los poemas sordos de Picasso en pinturas ciegas de Neruda. Y haz de mí tu obra maestra.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario