Esa distancia que hay entre los dos... se acorta con otro vaso de ron. Apenas te conozco la mirada y ya imagino amanecer en tus almohadas. Y creo, ya estoy lleno de valor...
Y a lo lejos, entre los pasos te miro
y estiro
la mirada a ver si alcanzo tu sonrisa
de brisa,
acariciándome las sienes.
Y vienes, deslizándote por la aurora,
ahora
que me bailas, que me hipnotizas,
hechizas
mis poemas
con tus fonemas que se exceden
y acceden
a los confines del cielo
y al consuelo
de tus curvas y mis manos en sincronía,
armonía
que se compone de tus mayores y mis menores
en los tenores
de la noche obscura y tierna.
Tu pierna
que me amarra y que me anuda
a la duda
de la hora de tu aterrizaje
sobre mi paisaje,
del saludo
que me deje mudo y sorprendido,
perdido,
con la respiración en exilio.
Y el concilio
que buscan mis manos con tu cintura
que estructura
un extraño magnetismo
al abismo
con final en tu tacto.
Ese pacto exacto
de tu cabello y mi sequía
que me pregunta si algún día,
mía,
si algún día la agonía acabaría.
Éste día,
entre el ron y los arpegios de tus ojos
me despojo
de las variantes y te digo
con vértigo,
entre los acordes y los silencios
que del precio
de mis desayunos y de las cervezas de un bar cualquiera
quisiera
exonerarte, pues esta noche pago yo.
Señorita de ojos naturales y piel de canela, la invito a la incoherencia de mis textos. La invito a una noche a escondidas del alba, a las aventuras en común.
... Rimas con mis climas, llegarías a mis cimas si, por alguna razón, te animas...
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